La misteriosa apertura birmana

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Pasear por las calles de Rangún, la antigua capital de Birmania, es como hacerlo por una película mal hecha de los años 60. Los edificios aún tienen un sabor colonial decadente, los coches parecen joyas de coleccionista y los cafés se airean con viejos ventiladores. De vez en cuando, especialmente en las provincias, se encuentran pequeñas joyas, como grandes mecheros, que tienen el tamaño de una mesa y una dinamo para funcionar, o antiguos fonógrafos que aún funcionan. Pero como si nadie se hubiera preocupado por cuidar los detalles, en el paisaje aparecen de vez en cuando móviles, ordenadores portátiles o algún cacharro sofisticado que se han olvidado quitar del decorado. Sigue leyendo